
EL GRITO - Eduardo Martinez Bonatti 1962
Esá suspendido. Está solo. Se tiene sólo a sí mismo. Todo lo que cree tener asido firmemente, no es nada más que su propia mano creyendo asir la cuerda de la que penden su propio vértigo y su propia soledad estallando en el vacío en miles de formas, que le dan la ilusión fugaz y reiterativa de universos creados, de soles, de mundos, de habitantes que giran destellantes antes de caer al insondable pozo ciego del incesante delirio que destila.
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