
CALLE # 7 Bayano-Cuba - Fotografía de Yanoski
Los cuentos para niños nunca han sido eso,
cuentos para niños, no sólo por la riqueza arquetípica que contienen, la que ha sido rescatada y utilizada como herramienta de auto-conocimiento y fuente reveladora y sanadora, tanto individual como grupal, por la Psicología Junguiana, sino también porque algunas veces, actúan en nuestro mundo psíquico como mensajeros de determinados presagios que, de andanza en andanza, se van evidenciando. Me ocurría esto de niña con un cuento que amaba, aunque, por motivos que desconocía, el final nunca me gustó. Aún así, algo se iba trenzando entre el devenir y aquella certeza de algo cercano, aunque invisible, que
Peter Pan me provocaba.
Más tarde, cuando la vida quiso poner las cosas en orden, esto es, en el orden de otros, casi llegué a creer que se trataba de una fantasía, pero seguía hallando ciertas señales, determinados signos incuestionables de aquel
País de Nunca Jamás que se acercaba, que venía a mi encuentro indefectiblemente no porque yo lo haya querido, pero lo cierto es que aquella horda de
niños perdidos, se las arregló para encontrarme, los mismos que, entre inocentes páginas, atisbé en la infancia y en los que seguí pensando luego, bajo otros nombres y hallados en otras esquinas, a veces literarias, otras, las que fui cruzando con los años.
Un día cualquiera, ya de regreso de muchas cosas o eso creía, al cruzar un umbral me encontré en medio del cuento más real que haya imaginado nunca. Fue inmediatamente reconocible por todos los momentos y las edades que he tenido, una reconcentración de tiempos y procesos; de esta manera, dolorosamente feliz y completamente enamorada de la tribu, decidí cambiarle el final a la historia.
En la historia que arremete, queriendo hacerme protagonista, decido entonces que la pequeña burguesa no crece nunca, jamás regresa el amigo de infancia, aún niño y la encuentra convertida en una señora, una madre, una esposa, una adulta: No. Jamás. En esta historia,
Wendy aún sabe volar y escaparse por la ventana aunque tenga la edad de un adulto, nunca ha sido madre aunque haya tenido hijos, sí puede ser camarada, hermana, amante, amiga y madre si se requiere, de cualquier
lobo, oso, niño perdido, mago, duende o
Ave Fénix, puede jugar en los parques, cabe en los balancines, columpios, cuevas, pasadizos secretos y escondites varios, aunque tenga cuerpo de adulta, su cuerpo es como su esencia tribal, un accesorio absolutamente acomodable a las circunstancias, está en el lado oscuro de la inocencia y es inmensamente feliz, nocturna, promiscua, delirante, lírica, dolorosa, bella y feliz, insisto. Siempre insistiré.