CUESTIONARIO
Problema 1.-
Usted se encuentra manejando su automóvil, a media noche, en una ciudad laberíntica. Llega a un callejón angosto y sin salida. Situación donde:
Calle Laberíntica = su vida
Automóvil = su cuerpo físico
Callejón = su edad
La forma exacta de salir es:
a) Poner marcha atrás
b) Bajar del auto y salir a pie
c) Acelerar

Comienzo a escribir desde mi vida errante que también ha comenzado ya. Él no lo sabe, nadie lo sabe. Solo mi madre está al corriente de los acontecimientos presentes y de los que vendrán. Finge no saberlo, no creerlo, trata de sabotear mi soledad. Envidia silenciosamente mi destino, el mismo que ella anhelara para sí, el que nunca tuvo el valor de aprehender, de asir. Habla de brujería, de cristiandad, no tiene ya recursos para boicotear el sino de mi existencia.
Todo está teñido de rojo oscuro, de sangre, de muerte, de parto. Todo es ahora una despedida. Las calles, las miradas y los terribles actos cotidianos. No hay besos, no hay esperanza. No hay nada, solo el adios.
He comenzado a ser una extraña, una indigente en mi tiempo paralelo.
Me voy, te dejo. A ti que eres mi doble, mi doble crucifijo, mi antagonista, mi herida definitiva. Me voy y te dejo.
En mis entrañas se desencadena un proceso de desprendimiento. Tengo amnesia corporal, genética y visceral. Estoy descarriada, siempre lo estuve. Estoy parada frente a Dios.
No tengo más recursos que la herida, nada más que la verdad.
Mi yo entrañable se levanta con toda su soberbia y su vejez en el umbral del crepúsculo. No capitula. La línea de la vida, en mi palma derecha, da la vuelta al mundo y a todas las tuercas hasta el ocaso de todos los umbrales. La vejez quedó atrás desde que comenzó a abandonarme la juventud. No hay bandera alba, ni pañuelos pusilánimes en mi raíz desnuda y perfecta, poderoso pensamiento, inquebrantable libertad de lo sublime.
Nuestras promesas son como brisas del aire magnificadas, universales. Salen a borbotones. Somos un cúmulo de roqueríos indestructible. Nuestras promesas están incrustadas entre sus cortes abruptos, confundidas con los moluscos, adheridos a la piedra. Son portentosas, eternas, indestructibles. No te dejaré jamás. Nunca te abandonaré. Somos tú y yo para siempre. Nosotros dos para siempre. Contigo sufro la fuerza del amor. Del amor maldito, iluminado, verdadero. Te amo desde la rotonda interminable de la sangre, te amo en la muerte que se nos impone no sé desde cuando y te amaré en todas las promesas que la sustentan.
Tu mirada es mi espejo. El espejo del naufragio que yo te heredé.
A veces no sé como te amo. A veces quisiera no amarte para no acompañar todo lo que te falta. Lo que no tendrás. La vida nos lacera porque la vivimos. Los otros están muertos desvergonzadamente. Estúpidamente. Nosotros vivimos intensamente nuestra muerte de espiral marino. Cae de mi mano. Yo voy cayendo contigo directo a nuestra patria, la de los locos.
Te abandono. Es un abandono largo, podrido, porque nunca tomaré ese avión.
Estoy parada frente a Dios. Te estoy mirando, Francisco, por toda la eternidad.
2 comentarios:
Sin palabras.. Escribes lo que quisiera escribir... "Tu mirada es mi espejo. El espejo del naufragio que yo te heredé." Exactamente, el tipo de cosas que me molesta no haber escrito yo, pero me alegra haber leido..
Gracias Angie, pero tal vez sea la vida quien escribe a través nuestro.
Publicar un comentario